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Donde la Toscana calma la mente y llena el alma
Stefania Gobbi

• 3 min read

Donde la Toscana calma la mente y llena el alma

Hay un tipo particular de silencio que se encuentra en ciertos rincones de la Toscana. No se trata de ausencia de sonido, sino algo más, es quietud que permite de volver a escuchar la respiración. Después de años vagando por esta región en busca de quietud, he llegado a conocer estos lugares íntimamente: son calas ocultas donde el Mediterráneo apenas susurra, ermitas de montaña talladas en la roca viva y pueblos termales donde el vapor se eleva como una oración.

Esta es una guía de la Toscana que sana. No hablo de la Toscana de autobuses turísticos y palos de selfie, sino aquella a la que los locales se retiran cuando necesitan recordar quiénes son.

La costa de la Maremma: donde lo salvaje se encuentra con el mar

La costa del sur de la Toscana ofrece algo que las famosas playas de Versilia no dan: soledad. La Maremma, esa franja agreste entre Grosseto y la península del Argentario, sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de Italia: un paisaje de bosques de alcornoques, caballos salvajes y playas que parecen estar en el fin del mundo.

Mi favorita es Cala di Forno, y por eso dudo en compartirla. Ubicada dentro del Parco della Maremma, esta media luna de arena requiere una caminata de ocho kilómetros a través de la maquia mediterránea, no hay carretera, ni bar, ni sombrilla. Solo el mar, los acantilados y esa particular calidad de luz que los pintores han intentado capturar durante siglos.

Para algo más accesible hay La Feniglia, que se extiende seis kilómetros entre Porto Ercole y Ansedonia, con la laguna de Orbetello brillando en su lado interior. Protegida por un denso bosque de pinos, la playa da la sensación de estar abrazada por la naturaleza. Hay ciervos por los bosques detrás de las dunas. El agua es poco profunda mar adentro.

Luego está Cala Violina, cuyo nombre proviene del sonido que hace la arena bajo los pies, una nota suave y cantarina creada por cristales de cuarzo. Es una playa que convierte el caminar en verdadera meditación.

Lo que me atrae de esta costa es su naturaleza salvaje. La Maremma pide algo, pide caminar, desacelerar, encontrarse con la naturaleza en sus propios términos.

El Val d’Orcia: silencio escrito en piedra

Si la Maremma ofrece la meditación de lo salvaje, el Val d’Orcia proporciona algo más gentil: un paisaje tan armonioso que parece respirar con quien lo visita. El Val d’Orcia son colinas ondulantes, cipreses solitarios, cintas de caminos blancos que llevan a granjas aisladas. Este es el paisaje que los pintores del Renacimiento colocaban detrás de sus Madonnas porque ya se parecía al paraíso.

Bagno Vignoni concentra esta paz en algo casi tangible. Este pueblo medieval no tiene una verdadera plaza. En su lugar hay una piscina termal del siglo XVI, con vapor elevándose de aguas a 52 grados centígrados. Por la tarde, cuando los turistas se han ido y la luz se vuelve dorada, sentarse junto a esta piscina ancestral sienta como descansar en el corazón de algo sagrado.

No muy lejos de allí, el Abbazia di Sant’Antimo se eleva desde el fondo del valle como una canción hecha piedra. En esta abadía románica del siglo XII todavía se siguen celebrando servicios de canto gregoriano, y si programas tu visita para estar durante la oración de la mañana o la tarde, entonces entenderás por qué los peregrinos medievales caminaban meses para llegar a lugares como este.

Para una experiencia más profunda, el Abbazia di Spineto se encuentra en el límite del Val d’Orcia, rodeada de bosque y lago, y aquí ofrecen programas de mindfulness.

Los Alpes Apuanos: santuarios de montaña

Las montañas sobre Lucca guardan los tesoros espirituales más ocultos de la Toscana. El valle de la Garfagnana, atrapado entre los Alpes Apuanos y los Apeninos, siempre ha atraído a quienes buscan distanciarse del mundo de abajo. Los ermitaños tallaron celdas en estos acantilados siglos antes de que existiera el turismo.

El Eremo di San Viviano, tallado en la roca sobre el antiguo pasto alpino de Campocatino, sigue siendo uno de los lugares más poderosos que conozco. Llegar aquí requiere caminar seriamente, y algo en ese esfuerzo y en el desprendimiento gradual de las preocupaciones del valle mientras subes, te prepara para lo que encuentras: un pequeño santuario suspendido en la cara del acantilado, con vistas a una inmensidad que hace que los problemas diarios parezcan pequeños.

El pueblo de Isola Santa ofrece un tipo diferente de quietud. Este asentamiento medieval ahora se encuentra junto a un lago creado en 1950. Las antiguas casas de piedra se reflejan en aguas esmeralda que apenas se agitan. El lago transformó un lugar ya tranquilo en algo onírico. He estado aquí al amanecer, viendo la niebla levantarse del agua, y he conseguido descubrir lo que se siente al estar realmente en silencio.

Encontrar tu propia quietud

Lo que todos estos lugares comparten es una invitación. Nos piden que nos detengamos, que observemos, que dejemos que el ruido habitual se asiente. En nuestra era de estimulación constante, estos lugares se han convertido en una medicina necesaria.

La Toscana misma enseña presencia. La forma en que la luz de la tarde se mueve sobre las paredes de piedra. El silencio que sigue a una comida de pasta hecha a mano. La sensación del agua termal cálida sosteniendo tu cuerpo. Estas no son simplemente experiencias placenteras sino oportunidades de mindfulness, momentos en que la consciencia se abre naturalmente.

La clave es el tiempo. Estos lugares no pueden recorrerse con prisa. Cala di Forno no se revela si miras tu teléfono cada cinco minutos. Estar en Bagno Vignoni al amanecer requiere dormir cerca. Lo que recibes, finalmente, es proporcional a lo que das.

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Stefania Gobbi

Stefania Gobbi

Tu guía de yoga en la Toscana

Soy Stefania, profesora de yoga certificada (YTT Jason Crandell Yoga Method) y miembro de Yoga Alliance. Vivo en las colinas toscanas cerca de Pisa. Llevo practicando diferentes estilos de yoga más de 23 años y ya puedo decir que mi pasión es el Vinyasa yoga — me fascina cómo la disciplina física se entrelaza con su esencia meditativa, creando una práctica que nutre tanto el cuerpo como la mente. Como viajera apasionada, entiendo lo que significa buscar equilibrio mientras exploras nuevos lugares. Hablo con fluidez español, italiano e inglés, además de francés — así que podemos practicar en el idioma que te resulte más natural. También soy sommelier certificada AIS y estaré encantada de recomendarte el vino local perfecto para complementar tu experiencia toscana. También ofrezco servicios profesionales de interpretación para visitantes en la Toscana.

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