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Caminar la Via Francigena: El Antiguo Sendero de la Toscana hacia la Presencia
Stefania Gobbi

• 3 min read

Caminar la Via Francigena: El Antiguo Sendero de la Toscana hacia la Presencia

Los mejores viajes son los que se miden en pasos en lugar de kilómetros. Aprendí esto una mañana de otoño en algún lugar entre San Miniato y Gambassi Terme, cuando dejé de consultar mi teléfono para ver la distancia y empecé a notar cómo la luz caía entre los olivos. La Via Francigena te hace esto, te despoja de la urgencia que llevamos sin saberlo y la reemplaza con algo más antiguo y más lento.

Durante más de mil años, los peregrinos han caminado esta ruta desde Canterbury hasta Roma. La sección toscana se extiende casi 400 kilómetros y cruza la región desde el paso de montaña en Pontremoli hasta la frontera sur en Radicofani. A diferencia del cada vez más concurrido Camino de Santiago, la Via Francigena permanece relativamente desconocida,una forma más tranquila de caminar hacia una relación diferente con el tiempo.

Meditación en Movimiento

Me encontré en la Via Francigena por primera vez no como peregrina sino como alguien que buscaba lo que la tradición del yoga llama pratyahara, la retirada de los sentidos de la distracción. Mi práctica se había vuelto rutinaria, la ejecutaba en lugar de sentirla. Una amiga me sugirió caminar.

Aquellos primeros días fueron difíciles. Mis pies se ampollaron. Mis hombros dolían por una mochila demasiado cargada. Echaba de menos la comodidad de los espacios familiares. Pero en algún momento más o menos la tercera mañana, caminando por el Val d’Elsa mientras la niebla se levantaba de los viñedos, algo cambió. Lejana del andamiaje habitual de horarios y pantallas, la consciencia se expandió para llenar el espacio. Noté cómo la luz se movía a través de las hojas de olivo, noté el silencio particular de ciertos valles, y cómo mi respiración se profundizaba sin esfuerzo.

Esto es lo que los antiguos entendían: caminar es en sí mismo una práctica contemplativa. El movimiento repetitivo de los pasos se convierte en un mantra. El paisaje cambiante se convierte en un objeto de meditación. No necesitas creer en nada para experimentar lo que los peregrinos siempre han sabido, que caminar de manera sostenida cambia la consciencia.

Las Etapas Toscanas

La ruta a través de la Toscana se divide en quince etapas oficiales. Y cada sección ofrece algo distinto.

Desde el Paso de la Cisa, el camino desciende hacia Lunigiana,una tierra fronteriza de castillos y bosques de castaños que parece alejada de la Italia moderna. El camino aquí es montañoso, exigente, solitario. Más al sur, la ruta entra en territorio más suave: Lucca con sus murallas renacentistas, San Miniato encaramado en su colina, las torres medievales de San Gimignano visibles desde kilómetros de distancia.

Pero son las etapas finales a través del Val d’Orcia las que se quedan más profundamente en la memoria. Este paisaje protegido por la UNESCO, hecho de cipreses, cintas de camino blanco y de esa particular calidad de luz dorada, parece diseñado para caminar. El cuerpo se mueve a través de lo que el ojo apenas puede absorber.

Las etapas más populares comienzan o terminan en Lucca, Siena y San Miniato. Cada septiembre, Monteriggioni acoge un Festival de Viaje Lento celebrando la cultura del peregrinaje. Pero en cualquier época del año, el camino está abierto. Puedes coleccionar sellos de peregrino, dormir en hostales sencillos junto a otros caminantes, y cubrir los últimos 100 kilómetros para obtener un Testimonium: el certificado tradicional de peregrinaje.

Caminar como Yoga

Lo que más me sorprendió fue como caminar complementaba mi práctica yoga existente. Los saludos al sol de la mañana preparaban el cuerpo para los kilómetros del día. Las sesiones vespertinas liberaban la tensión acumulada. El ritmo del caminar, esa suave oscilación entre esfuerzo y facilidad, refleja el principio central del yoga: sthira sukham asanam, estabilidad y comodidad en cada postura.

Empecé a ver el camino mismo como un maestro. Las secciones cuesta arriba exigían presencia, pidiéndome que me quedara presente con la incomodidad en lugar de resistirla. Los descensos requerían entrega, dejando que la gravedad hiciera su trabajo. Los tramos llanos abrían espacio para algo parecido a la meditación sentada: respiración fluyendo, pensamientos surgiendo y pasando sin apego.

El paisaje italiano añadía su propia dimensión. A diferencia de caminar en una naturaleza que se siente salvaje o indiferente, la Toscana ofrece una armonía cultivada entre el ser humano y la tierra. Siglos de cuidado han dado forma a estas colinas, estos viñedos, estas casas de piedra posicionadas perfectamente en las crestas. Caminar por este paisaje se parece menos a conquistar territorio que a unirse a una conversación que sigue desde hace milenios.

Comenzar Tu Viaje

No hace falta caminar durante semanas para notar los beneficios. Incluso un solo día en la Via Francigena ofrece algo que recorrerla en coche no da, contacto directo y encarnado con un paisaje, y con sí mismo.

El sitio web oficial de la Via Francigena proporciona descripciones detalladas de las etapas, opciones de alojamiento e información sobre credenciales. La primavera y el otoño ofrecen el clima ideal para caminar, (abril y septiembre son los meses más populares). Solo hacen falta buenos zapatos de caminar, capas ligeras y una apertura a la simplicidad.

Combina Caminar con Práctica

Si quieres explorar la Via Francigena y quieres profundizar la experiencia con yoga o meditación, ofrezco sesiones privadas que complementan el peregrinaje. Para quienes buscan un viaje mas estructurado, mis retiros de caminata combinan etapas diarias con práctica contemplativa.

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Stefania Gobbi

Stefania Gobbi

Tu guía de yoga en la Toscana

Soy Stefania, profesora de yoga certificada (YTT Jason Crandell Yoga Method) y miembro de Yoga Alliance. Vivo en las colinas toscanas cerca de Pisa. Llevo practicando diferentes estilos de yoga más de 23 años y ya puedo decir que mi pasión es el Vinyasa yoga — me fascina cómo la disciplina física se entrelaza con su esencia meditativa, creando una práctica que nutre tanto el cuerpo como la mente. Como viajera apasionada, entiendo lo que significa buscar equilibrio mientras exploras nuevos lugares. Hablo con fluidez español, italiano e inglés, además de francés — así que podemos practicar en el idioma que te resulte más natural. También soy sommelier certificada AIS y estaré encantada de recomendarte el vino local perfecto para complementar tu experiencia toscana. También ofrezco servicios profesionales de interpretación para visitantes en la Toscana.

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